En el competitivo mundo financiero, entender a fondo el flujo de caja es esencial para cualquier empresa que busque financiamiento. Más allá de los estados contables convencionales, los prestamistas se fijan en la liquidez real y en la capacidad para enfrentar obligaciones futuras.
Un préstamo no se basa únicamente en beneficios registrados en el P&L; los bancos evalúan principalmente la capacidad de pago futura. El flujo de caja (cash flow) resume la acumulación real de activos líquidos en un período determinado.
Para la entidad financiera es fundamental valorar la estabilidad y previsibilidad de los flujos, así como la suficiente disponibilidad de efectivo para cubrir el servicio de la deuda (intereses y amortización). Un control riguroso en este aspecto mejora significativamente el historial crediticio.
El estado de flujos de efectivo muestra las entradas y salidas de efectivo y explica la variación del saldo de caja en un periodo. Se clasifica según la NIC 7 en tres secciones claras.
Para el análisis de riesgo de crédito, los flujos operativos revelan la generación genuina de caja, mientras que los de financiación exponen la estructura y coste de la deuda.
El cálculo del flujo de caja operativo se puede realizar mediante la fórmula simplificada:
Flujo de caja operativo = EBIT + Amortización + Provisiones + Cuentas por pagar - Cuentas por cobrar
En este cálculo, el EBIT representa el beneficio antes de intereses e impuestos. A él se suman gastos no monetarios (amortizaciones y provisiones) y se ajusta el capital de trabajo.
Para el flujo de caja de financiación se usa la siguiente expresión:
Flujo de caja de financiación = Entradas por financiación - Salidas por financiación
Donde las entradas incluyen nuevos préstamos, emisión de capital y bonos, y las salidas abarcan el reembolso de principal, pago de intereses y dividendos.
En el siguiente ejemplo práctico, se ilustra un cálculo de flujo de caja de financiación:
El resultado es un flujo de financiación positivo de 5.000 €, lo que indica que la empresa ha captado más recursos de los que ha devuelto en el periodo.
Un flujo de caja positivo permite reinvertir, expandirse y responder con solvencia a las obligaciones de deuda. Los prestamistas asocian este escenario con una capacidad de pago sólida y menor riesgo de incumplimiento.
Por el contrario, un flujo negativo refleja que sale más dinero del que entra, lo cual puede comprometer la capacidad de servicio de la deuda y encarecer futuros préstamos.
Para evaluar la viabilidad de un crédito, el analista de un banco sigue una metodología estructurada para identificar fortalezas y riesgos en la liquidez de la empresa.
Asimismo, es crucial detectar problemas típicos de flujo de caja, como cuentas por cobrar elevadas, inventarios excesivos o gastos fijos desproporcionados.
Los prestamistas utilizan el estado de flujos de efectivo para evaluar la solvencia y capacidad de pago. Analizan la estacionalidad, concentración de entradas y salidas, y dependencia de financiación externa.
Un análisis riguroso evita deudas innecesarias y permite a la empresa negociar mejores condiciones: tasas de interés más bajas, plazos más amplios y menos garantías exigidas.
En resumen, dominar el análisis de flujos de caja no solo aumenta las posibilidades de aprobación, sino que fortalece la gestión financiera interna y cultiva una relación de confianza con las entidades crediticias.
Referencias