El comercio ambulante es más que una simple actividad económica; es un motor de supervivencia y prosperidad que define comunidades enteras. A través de puestos móviles y relaciones personales, estos trabajadores construyen economías paralelas que sostienen a millones. Su historia es una de adaptación constante y resistencia frente a la adversidad.
Desde las calles de Ciudad de México hasta los mercados de Uganda, los vendedores ambulantes demuestran que el valor no conoce fronteras. Ellos tejen redes sociales vitales que sostienen la vida urbana, especialmente en tiempos de crisis. Este artículo explora su impacto profundo y las lecciones que ofrecen para un mundo en cambio.
La pandemia de COVID-19 reveló su papel indispensable en la seguridad alimentaria, destacando cómo alimentan a otros para alimentarse a sí mismos. Su lucha diaria es un testimonio de la capacidad humana para innovar y persistir. A continuación, desglosamos los aspectos clave de este fenómeno global.
Un vendedor ambulante es cualquier comerciante que opera sin un local fijo, utilizando instalaciones transportables. Esta definición abarca una amplia gama de actividades, desde la venta de comida hasta artesanías. El comercio ambulante o ambulantaje se caracteriza por su movilidad y falta de afincamiento territorial.
Se realiza principalmente en el mercado informal, lo que implica transacciones sin documentos formales. Esto permite flexibilidad pero también expone a los vendedores a riesgos legales y económicos. Su modelo se basa en la adaptabilidad y el contacto directo con los clientes.
En algunas regulaciones, como la española, las autorizaciones pueden durar hasta 15 años prorrogables una vez, mostrando cierta formalización en contextos específicos. Sin embargo, en muchas regiones, la informalidad persiste como norma.
La economía callejera genera aproximadamente 10 billones de dólares anuales a nivel mundial, una cifra que rivaliza con las mayores potencias económicas. Si se reuniera en un solo país, sería la segunda economía más grande del planeta. Este sector emplea a 1.800 millones de personas, lo que subraya su importancia demográfica.
En países en desarrollo, su contribución es aún más crítica. Por ejemplo, en Uganda, el sector informal representa el 50% del PIB nacional. En ciudades de África, América Latina y Asia, los vendedores ambulantes son motores clave del crecimiento económico. Su actividad anima la vida social y comercial de los espacios urbanos.
Esta tabla ilustra cómo el comercio ambulante sostiene economías regionales, proporcionando empleo y servicios esenciales. Su escala demográfica es vasta, con más de un millón de trabajadores en países como Ghana, Senegal y Perú.
Los vendedores ambulantes construyen relaciones personales intensas con clientes y proveedores, lo que reduce costos de transacción. Estas redes se basan en la confianza y la cooperación, especialmente entre vendedores no competidores. Su cartera de clientes incluye conocidos, vecinos y familiares, creando un capital social invaluable.
Esta estructura permite una gestión eficiente de recursos limitados, facilitando la ayuda mutua en tiempos difíciles. Las redes densas son una ventaja competitiva que sustenta su resiliencia. Además, los productos típicos incluyen artículos baratos, artesanías y comida, con la comida callejera de Singapur incluso reconocida por la UNESCO.
Los vendedores ambulantes se especializan en bienes accesibles y de demanda inmediata. Su oferta varía según la región y la cultura, pero generalmente incluye items que satisfacen necesidades básicas. La comida callejera, en particular, ha ganado reconocimiento global por su sabor y autenticidad.
En diciembre de 2021, la comida callejera de Singapur fue agregada a la lista del patrimonio de la UNESCO, destacando su valor cultural y económico. Esto demuestra cómo el comercio ambulante puede trascender lo meramente comercial para convertirse en un símbolo de identidad.
La crisis sanitaria expuso la vulnerabilidad de los vendedores ambulantes, con caídas drásticas en los ingresos. En ciudades como Ciudad de México y Nueva York, se registraron reducciones de hasta el 90% en las ventas. Esto afectó no solo a los vendedores, sino también a los hogares de bajos ingresos que dependían de ellos para alimentos.
Paradójicamente, muchas personas recurrieron al ambulantaje como estrategia de supervivencia económica, aumentando su número en áreas afectadas. Los vendedores carecían de redes de seguridad social, dependiendo de ahorros escasos. La ONU advirtió que la pandemia podría duplicar el hambre extremo, subrayando su papel crítico.
Las respuestas gubernamentales incluyeron más de 200 medidas en América Latina, con subsidios en efectivo en países como Sudáfrica e India. En Nueva York, más de 2.000 vendedores recibieron ayuda financiera de fundaciones privadas. El Primer Ministro de China, Li Keqiang, elogió a los ambulantes por crear 100.000 puestos de trabajo, reconociendo su impacto positivo.
A pesar de su importancia, los vendedores ambulantes enfrentan obstáculos operativos significativos que limitan su crecimiento. El acceso al sistema financiero es limitado, y a menudo son perseguidos por autoridades. La violencia y los desalojos son comunes, especialmente en contextos de políticas represivas.
Están excluidos de protecciones laborales básicas, lo que llevó al Papa Francisco a sugerir un salario básico universal como posible solución. Estos desafíos estructurales requieren políticas inclusivas que reconozcan su contribución. La falta de formalidad los deja en una posición precaria, incluso cuando son esenciales para la economía.
Organizados en sindicatos y asociaciones, los vendedores ambulantes han logrado cambios notables en políticas públicas. Durante la pandemia, demostraron cumplimiento de pautas de salud en Namibia y autogobierno en Nueva York. Estas acciones muestran cómo la colaboración puede impulsar reformas.
Estos esfuerzos colectivos subrayan la capacidad de resiliencia y adaptación de este sector. Al unirse, los vendedores han podido negociar mejoras y visibilizar sus necesidades. Su lucha es un llamado a la solidaridad y al diseño de políticas más equitativas.
El comercio ambulante es un sector de relevancia económica y social que merece mayor reconocimiento y apoyo. Su búsqueda de valor sin límites geográficos inspira a repensar cómo construimos economías inclusivas. Desde la seguridad alimentaria hasta el empleo, su impacto es profundo y multifacético.
Al enfrentar crisis como la pandemia, han demostrado una fortaleza extraordinaria y un ingenio incomparable. Su historia es un recordatorio de que la innovación a menudo surge de la necesidad. En un mundo en cambio, los vendedores ambulantes ofrecen lecciones valiosas sobre comunidad, adaptabilidad y esperanza.
Es hora de valorar su contribución y trabajar hacia políticas que los integren formalmente, asegurando que su búsqueda de valor continúe enriqueciendo a todos. Su legado es un testimonio del poder humano para crear prosperidad incluso en las circunstancias más difíciles.
Referencias