En un mundo donde las tensiones comerciales actúan como nubarrones y la innovación tecnológica brilla como el sol, nuestra economía global se asemeja a un ecosistema vivo. Cultivar abundancia requiere tanto visión como paciencia.
Este artículo explora las proyecciones para 2025-2026, analiza los desafíos que surgen y revela las áreas más fértiles para invertir y crecer. Prepárate para aprender a nutrir tu parte en este jardín de oportunidades globales.
Las proyecciones de crecimiento varían según la fuente, reflejando la resiliencia a largo plazo y las incertidumbres derivadas de aranceles y cambios de política. Avanzamos desde tasas de 2.9-3.3% en 2024 hacia un rango estimado de 2.4-3.2% en 2025, con una ligera estabilización o moderación en 2026.
A continuación, se presenta un resumen de las principales estimaciones:
El consenso general señala una desaceleración moderada: las economías avanzadas se frenarían hacia 1.5-2.0%, mientras que los mercados emergentes podrían crecer entre 4.3% y 5.0%, liderados por China, India y varios países del Sur Global.
Para que el jardín prospere, es fundamental reconocer las tarifas como malezas persistentes y otros obstáculos que amenazan el crecimiento. A continuación, los principales riesgos:
Si bien algunos riesgos pueden retroceder, otros podrían intensificarse si no se aplican políticas coordinadas. Es crucial mantener una vigilancia activa y ajustar estrategias.
En medio de la niebla, hay claros llenos de luz. Estos son los sectores y regiones con mayor potencial:
El Sur Global ya representa más del 40% del producto mundial y cerca de la mitad del comercio de mercancías. Apoyar proyectos locales y establecer alianzas Sur-Sur se presenta como una estrategia ganadora.
La revolución económica también redefine el mundo laboral. Se estima que, para 2030, el 22% de los empleos se transformarán, generando un saldo neto positivo de más de 78 millones de puestos.
La diversidad de habilidades será la semilla de un mercado laboral más robusto, capaz de resistir nuevos embates económicos o tecnológicos.
El panorama para 2025-2026 se asemeja a un jardín que, tras superar tempestades, ofrece frutos más dulces. La clave está en la colaboración internacional y el enfoque estratégico para remover malezas y regar con innovación.
Invertir en tecnología de punta, diversificar carteras hacia mercados emergentes y promover reformas de comercio y finanzas son caminos seguros hacia una cosecha abundante.
En última instancia, cada actor—desde gobiernos hasta emprendedores—debe ejercer el rol de jardinero encargado: anticipar riesgos, potenciar fortalezas y celebrar los primeros brotes de crecimiento. Solo así construiremos un futuro próspero, justo y sostenible para todos.
Referencias