Desde las vibrantes plazas financieras hasta los silenciosos servidores bancarios, el dinero late con fuerza y cambia a cada instante, configurando el destino económico de millones de personas.
En 2024 y 2025, las cifras revelan una recuperación notable. El crecimiento de los préstamos al 6% global en 2025 impulsa la rentabilidad bancaria y dinamiza la economía mundial.
En Europa, naciones como Alemania, Francia, España e Italia experimentan una expansión moderada, con un avance de préstamos cercano al 3.1% en 2025, tras apenas un 0.2% en 2024.
La tasa de morosidad se mantiene por debajo del promedio histórico, situándose en 50 puntos básicos durante 2024, frente a los 64 pb que se observaron entre 2010 y 2019, reflejando una gestión de riesgos prudente y eficiente.
El volumen de pagos transfronterizos alcanzó los 194.6 billones de dólares en 2024, y se proyecta que suba a 320 billones para 2032, consolidando nuevas redes de liquidez global.
Las comisiones de banca de inversión han comenzado su recuperación, con un incremento del 11% en 2024 y perspectivas de un 13% para 2025, impulsadas por operaciones de M&A, emisión de deuda y oferta pública de acciones.
Entre los depósitos de consumidores, circulan 70 billones de dólares a nivel global, de los cuales 23 billones se encuentran en cuentas corrientes de baja remuneración, vulnerables al desplazamiento por plataformas digitales y agentes de IA.
Los fondos bajo gestión registran un crecimiento sostenido: los fondos minoristas avanzan a un ritmo anual del 6.0%, los institucionales al 7.7% y el capital privado sorprende con un 17.2%, demostrando el apetito por vehículos alternativos.
Los bancos destinan cada vez más recursos a tecnología: se estima un gasto de 176.000 millones de dólares en TI durante 2025, enfocando casi el 40% en iniciativas disruptivas que transformen el negocio.
La macroeconomía global muestra signos de resistencia a pesar de la desaceleración, con recortes de tasas potenciales de hasta 70 puntos básicos en 2025, mientras el PIB se modera y persisten incertidumbres en las cadenas de suministro.
Las entidades financieras lideran la adopción de nuevas tecnologías. La transformación digital centrada en el cliente se traduce en portales intuitivos, chatbots avanzados y accesibilidad total desde el móvil.
Los neobancos y las instituciones solo digitales atraen a los usuarios más jóvenes, obligando a la banca tradicional a forjar alianzas estratégicas con fintechs y acelerar su propia modernización.
La penetración de la banca abierta (open banking) impulsa el surgimiento de apps que agregan productos de múltiples entidades, potenciando la competencia y enriqueciendo las opciones del usuario.
El mercado de finanzas integradas (embedded finance) alcanzará los 606.000 millones de dólares en 2025, más del doble que en 2021, al integrarse servicios financieros en plataformas de venta y transporte.
La IA optimiza procesos y reduce errores. En pagos, disminuye falsos positivos y mejora la eficiencia de entrega directa, elevando las tasas de éxito operativas.
En inversiones y seguros, permite modelos predictivos avanzados que ajustan estrategias en tiempo real, anticipando movimientos de mercado y comportamientos de clientes.
Sin embargo, la IA agente también presenta un riesgo: podría erodir los márgenes de los bancos al recomendar automáticamente productos más rentables fuera de la banca tradicional.
Los entornos regulatorios se encaminan hacia la normalización histórica, lo que libera capital pero también impone exigencias más rigurosas en materia de solvencia y liquidez.
La sostenibilidad y los criterios ESG ganan peso; los emisores lanzan bonos verdes, financian proyectos de energía limpia y desarrollan productos alineados con estándares globales.
En paralelo, la elevada participación de instituciones no bancarias (NBFIs) y la exposición a bonos soberanos de mercados emergentes aumentan la vulnerabilidad ante shocks externos.
Frente a estas dinámicas, el sector cuenta con vías de crecimiento y afronta obstáculos que definirán su solidez:
El 2025 se perfila como un año decisivo: el dinero fluirá con mayor agilidad, los consumidores demandarán experiencias hiperpersonalizadas y la tecnología redefinirá cada interacción financiera.
Las instituciones que abracen la innovación sin sacrificar la solidez, y aquellas que colaboren con fintechs y plataformas emergentes, liderarán la transformación y construirán un ecosistema más inclusivo y resiliente.
A medida que las fronteras financieras se diluyen y la cooperación global se intensifica, el corazón del dinero latirá más fuerte y marcará el compás de un futuro lleno de oportunidades.
Referencias