El momento histórico para la inversión latinoamericana ha llegado. Ante desafíos estructurales y una economía global en rápida transformación, los actores locales se preparan para dar un salto cualitativo en sus horizontes. En este contexto, el camino desde proyectos regionales hasta operaciones internacionales exige visión, alianzas estratégicas y capital humano preparado.
La riqueza de recursos naturales y la capacidad de innovación convergen con la necesidad de trascender las fronteras, construyendo puentes financieros y tecnológicos que impulsen beneficios económicos a largo plazo. Desde la consolidación de grandes líneas de transmisión hasta la adopción de inteligencia artificial en servicios de exportación, América Latina tiene ante sí una ventana única.
Durante las últimas dos décadas, la región experimentó un crecimiento impulsado por materias primas y mano de obra abundante. Sin embargo, el futuro se escribe con productividad, diversificación y sostenibilidad. Hoy el PIB regional asciende a US$6.2 billones (2023) y podría escalar hasta US$10.3 billones en 2040 si se aprovechan oportunidades de inversión global y se mejoran los procesos productivos.
La transición hacia una economía de servicios intensivos en conocimiento presenta un potencial de US$100 mil millones en exportaciones de servicios en la próxima década. Sectores como tecnología de la información, finanzas y salud pueden detonarse gracias a tecnologías de inteligencia artificial y a la consolidación de centros operativos cerca de grandes mercados.
El desarrollo de grandes obras es clave para cerrar brechas energéticas, logísticas y de conectividad:
El flujo de inversión extranjera directa (IED) subió un 24% en Chile durante H1 2024, al cernirse en US$34.5 mil millones con 405 proyectos activos. Estados Unidos aumentó su presencia en energía un 181%, China y Canadá lideran la minería, y Arabia Saudita concretó su primer proyecto de infraestructura por US$1.4 mil millones.
Algunas tendencias claves:
Para materializar fuentes de energía renovable y consolidar un ecosistema competitivo, se deben enfrentar:
Las soluciones pasan por colaboración público-privada estratégica eficiente, capacitación intensiva en habilidades tecnológicas, normas claras que incentiven la competencia y la certificación verde de proyectos para atraer capital internacional.
Avanzar hacia un modelo de alta productividad y sostenibilidad significará que en 2040 la región alcance niveles de ingreso per cápita comparables con mercados desarrollados. El hidrógeno verde, el litio y la infraestructura ferroviaria serán pilares.
La adopción masiva de tecnologías de inteligencia artificial optimizará cadenas logísticas y servicios, generando un incremento de productividad de hasta 2.5% anual. Iniciativas de nearshoring atraerán inversiones por US$1.7-2.8 billones, y políticas de competencia robustas reducirán precios, elevando el poder adquisitivo.
Para dar este gran salto, los inversores deben combinar análisis de riesgo, alianzas con organismos multilaterales y un compromiso real con alineados con objetivos climáticos. Solo así se consolidará el paso de lo local a lo global.
El desafío está planteado: invertir en proyectos con impacto social y ambiental, diversificar carteras y fomentar el talento digital. Ese es el gran salto que Latinoamérica necesita para convertirse en un actor relevante en la economía mundial y asegurar un futuro próspero y sostenible.
Referencias