En un mundo donde las demandas sociales y ambientales cobran cada vez más importancia, surge una nueva forma de ver el capital: la inversión con propósito. Este enfoque fusiona la búsqueda de impacto social y/o ambiental positivo medible con la rentabilidad financiera competitiva, superando la dicotomía tradicional entre filantropía y finanzas.
La inversión con propósito, también conocida como impact investing, se define como la asignación de capital a empresas, organizaciones o fondos con la intención explícita de generar beneficios sociales o ambientales tangibles, junto con un retorno económico.
Su distinción frente a la filantropía radica en que no se trata de donaciones, sino de inversiones que persiguen objetivos duales. Mientras la filantropía se centra exclusivamente en el impacto, las inversiones con propósito buscan resultado social medible y retorno financiero.
Con el paso de las décadas, conceptos como ISR (Inversión Socialmente Responsable) y ESG (Environmental, Social and Governance) allanaron el camino, pero la inversión de impacto va un paso más allá al priorizar proyectos que generan cambios positivos verificables.
Para entender y clasificar las inversiones con propósito, existen diversos marcos y escalas que las sitúan en un continuo desde la inversión tradicional hasta la inversión de impacto puro.
El análisis de la Open Value Foundation propone un continuum con tres niveles:
Por su parte, el Marco ABC de Zubi Group clasifica las iniciativas según su aportación:
Avoid harm (evitar daños), Benefit stakeholders (beneficiar a las partes interesadas) y Contribute to solutions (contribuir a soluciones). La inversión con propósito se centra en B y, especialmente, en C: soluciones claras a desafíos globales.
Numerosos estudios académicos e institucionales avalan que integrar criterios ESG y apostar por el propósito no perjudica la rentabilidad, sino que a menudo la mejora.
Una metarrevisión del NYU Stern Center y Rockefeller Asset Management, con más de 1.100 artículos, revela que:
Estos datos confirman que la mayoría de investigaciones asocia un mejor desempeño financiero a empresas con sólidos criterios ESG.
Además, el estudio "Return on Purpose" muestra que las empresas con propósito:
Analizando las prácticas de compañías líderes, se identifican varios mecanismos clave:
Estos factores actúan de manera sinérgica, fortaleciendo la resiliencia y el crecimiento sostenible de las empresas con propósito.
El mercado de inversión de impacto crece con fuerza. Sir Ronald Cohen, pionero en Impact Investing, sostiene que los inversionistas pueden obtener rendimientos del 8 % anual o más, manteniendo altos estándares de medición de impacto.
Algunos ejemplos globales ilustran el potencial de este enfoque:
En España, plataformas de préstamos a PYMES garantizados por Sociedades de Garantía Recíproca ofrecen más del 5 % anual, combinando seguridad y impacto en el tejido productivo.
Los inversores interesados en este enfoque pueden seguir estas recomendaciones:
1. Definir objetivos claros de impacto social y/o ambiental.
2. Seleccionar vehículos de inversión con políticas ESG transparentes.
3. Verificar métricas de impacto y reportes periódicos.
4. Diversificar entre sectores: salud, energía, educación, inclusión financiera.
5. Monitorear resultados y ajustar la estrategia según los aprendizajes.
Las inversiones con propósito representan una vía poderosa para alinear los intereses financieros con el bien común. Combinar impacto medible y rentabilidad de mercado no solo es viable, sino que, a largo plazo, puede generar ventajas competitivas, fortaleza operativa y un legado duradero.
Al apostar por negocios con modelos sostenibles y sociales, los inversores contribuyen a resolver retos globales, creando un círculo virtuoso donde el capital impulsa el progreso humano y del planeta, mientras genera frutos económicos.
Referencias