En un entorno económico caracterizado por la incertidumbre y la fragmentación, los inversores buscan más que nunca una guía clara. Este artículo analiza el contexto global de flujos de capital, las megatendencias que marcan la ruta y los datos concretos por región y sector para ofrecer una brújula fiable.
La dinámica de la inversión extranjera ha cambiado drásticamente en los últimos años. Según UNCTAD, Inversión Extranjera Directa global cayó un 11% hasta 1,5 billones de dólares en 2024, sumando su segundo año consecutivo de descenso. Para 2025, se estima un descenso adicional del 3%, especialmente pronunciado en economías desarrolladas.
A pesar de esta contracción, el valor de los proyectos greenfield subió un 7% en la primera mitad de 2025, gracias a la ejecución de grandes iniciativas en tecnología digital e inteligencia artificial. El número total de proyectos disminuye, pero su tamaño medio y su ambición estratégica se elevan.
Esta tendencia se refleja en que hay menos proyectos, pero más grandes. En 2019 el tamaño medio de un proyecto de IED era de 53,6 millones de dólares; para 2025 se proyecta que supere los 86,5 millones. El auge de los “megaproyectos” (más de 1.000 millones de dólares) también alcanza un volumen sostenido, tras su pico en 2023.
Estados Unidos continúa erigiéndose como principal destino y origen global de IED. En 2024 marcó su récord histórico en número de proyectos y capital atraído, y en los primeros nueve meses de 2025 la inversión anunciada supera un 11% la cifra total del año anterior.
Europa Occidental, aunque sigue siendo un gran receptor de capital, enfrenta su tercer año de caída en proyectos, debido a menor crecimiento, regulaciones inciertas y tensiones energéticas. Sin embargo, la apuesta por tecnologías emergentes y cleantech abre rutas para recuperar atractivo.
En los países en desarrollo, la financiación vinculada a los Objetivos de Desarrollo Sostenible sufre un declive: los proyectos ODS cayeron un 10% en los primeros meses de 2025 y las naciones menos adelantadas pierden otro 5%, regresando a niveles de 2015.
Finalmente, factores como las tensiones geopolíticas, las políticas de aranceles, la fragmentación económica y friendshoring, sumados a tipos de interés elevados, configuran un mundo más multipolar y menos globalizado.
Para orientar estratégicamente el capital es esencial comprender cómo varía la IED por región y sector. A continuación, se presenta un resumen de los flujos más relevantes:
Este cuadro ilustra la diversidad de oportunidades: mientras EE. UU. y Asia lideran con proyectos tecnológicos de gran escala, Europa y Latinoamérica encuentran nichos en energía limpia e infraestructura, y las naciones menos adelantadas luchan por revertir su tendencia negativa.
En este nuevo escenario, la respuesta ágil a la volatilidad global y la capacidad de identificar proyectos con impacto real marcan la diferencia entre el éxito y la pérdida de oportunidades.
La brújula del capital hoy apunta hacia un entorno más complejo, pero también repleto de oportunidades. Con un análisis riguroso de datos, la identificación de megatendencias y una visión estratégica a largo plazo, los inversores pueden navegar con confianza en aguas globales. A través de la diversificación inteligente, la alineación con objetivos sostenibles y la adaptación constante a las dinámicas geopolíticas, es posible construir carteras robustas que generen valor y contribuyan al progreso colectivo.
La orientación correcta no es un destino, sino un proceso continuo: entender el mapa, calibrar la brújula y avanzar con paso firme hacia horizontes de crecimiento y anticipación.
Referencias