En un mundo donde la volatilidad económica y los cambios sectoriales se suceden sin descanso, saber gestionar el crédito con éxito se convierte en una ventaja competitiva innegable. Este artículo ofrece un análisis detallado del entorno actual, define los conceptos clave de riesgo de crédito y propone estrategias prácticas para proteger tanto a empresas como a particulares.
A lo largo de estas líneas descubrirás cómo combinar datos macroeconómicos, fundamentos teóricos y buenas prácticas para minimizar la exposición a impagos y fortalecer la salud financiera.
La fotografía del riesgo de crédito en España durante 2024-2025 refleja un ambiente de incertidumbre moderada, aunque con sectores claramente tensionados. Según el Estudio de Gestión del Riesgo de Crédito en España (Crédito y Caución / Iberinform), el 22 % de las empresas españolas sufrió impagos significativos en 2025.
Se detecta un cambio en el perfil del cliente moroso: predominan compañías afectadas por la inflación (8 %) y la dependencia de exportaciones e importaciones (6 %). Además, el 77 % de las empresas advierte algún deterioro en la solvencia o liquidez de sus compradores.
Los principales factores que impactan en la capacidad de pago de los clientes en 2025 son:
Pese a este contexto, las expectativas son positivas: el 57 % de las empresas espera aumentar facturación y el 51 % proyecta mayores beneficios, señales de que profesionalizar la gestión del crédito es hoy más urgente que nunca.
El sistema bancario español mantiene ratios de capital y liquidez sólidas, aunque con ligeros aumentos de la probabilidad de impago bancaria (2,14 % a 2,53 % entre T3 2024 y T1 2025). Este ligero repunte exige disciplina en el control del crédito tanto a entidades financieras como a empresas clientes.
En el plano global, la deuda mundial supera el 256 % del PIB y los tipos de interés a largo plazo rondan niveles no vistos en una década, ejerciendo presión sobre presupuestos y elevando la necesidad de estrategias de mitigación.
El riesgo de crédito se define como la posibilidad de que un prestatario no cumpla sus obligaciones de pago. Para comprenderlo mejor, es útil distinguir tres componentes esenciales:
Existen distintos tipos de riesgo de crédito, tanto para empresas como para particulares:
Para reducir eficazmente la probabilidad de impago y reforzar la salud financiera, es esencial implementar procesos robustos y aprovechar la tecnología disponible.
Estas prácticas, unidas a una evaluación segmentada y continua, permiten reaccionar con rapidez ante cambios en la solvencia de los deudores.
Además, la aplicación de métricas como la rotación de cartera y el plazo medio de cobro aporta información estratégica para la toma de decisiones. Los procesos de revisión periódica, combinados con alertas automáticas, garantizan una visión completa y actualizada del riesgo.
Finalmente, fomentar una cultura organizativa orientada al control del crédito y la formación constante del equipo de finanzas impulsa una gestión proactiva y resiliente frente a escenarios adversos.
En conclusión, aunque el entorno presenta desafíos, las empresas y particulares que adopten un enfoque profesional y sistemático en la gestión del crédito no solo mitigarán el riesgo, sino que podrán aprovechar oportunidades de crecimiento con mayor seguridad y confianza.
Referencias