Ante un escenario mundial cada vez más inestable, el oro y otros activos refugio recuperan protagonismo como herramientas de preservación patrimonial.
Durante el primer semestre de 2025, la onza troy de oro pasó de 2.624,50 USD a 3.303,14 USD, y cerró el año por encima de los 4.000 USD/onza, lo que representa una subida superior al 50% en el año y una rentabilidad acumulada de más del 1.075% desde 2000.
Este alza histórica ha superado el desempeño de otros activos tradicionales como el franco suizo, el yen japonés y los bonos del Tesoro estadounidense, consolidando al metal precioso como el principal activo refugio en el contexto global.
El entorno macroeconómico y geopolítico actual ha provocado un renovado interés institucional y privado en el oro. Estos son los elementos clave:
Países como China, Turquía, India y Polonia lideran estas adquisiciones, interpretándose como parte de una tendencia de desdolarización y búsqueda de un valor “neutro y no soberano”.
Para entender mejor el papel del oro, conviene analizar su rendimiento frente a alternativas tradicionales y emergentes.
El oro continúa liderando en rentabilidad y en percepción de seguridad, aunque otros refugios ofrecen diversificación complementaria en una cartera bien balanceada.
La relevancia de estos instrumentos no solo radica en su rentabilidad, sino en su capacidad para mitigar riesgos extremos. Entre sus fortalezas destacan:
Existen diversas vías para incorporar el oro y refugios en la cartera, cada una con ventajas y consideraciones:
Oro físico: Barras y monedas con máxima seguridad en escenarios extremos, pero requieren almacenamiento especializado y seguros adicionales.
ETF de oro: Permiten exposición líquida y diversificada, aunque con riesgo de contraparte y dependencia de emisores.
Acciones de empresas mineras: Ofrecen apalancamiento a precio del metal y dividendos, con una subida del 120% en 2025, pero con mayor volatilidad.
Aunque el oro se consolida, no está exento de retos:
En 2025, el oro no solo demuestra su valor como reserva de valor, sino que reafirma su posición única frente a la incertidumbre global. Su historia como refugio en 2008, durante la pandemia y las recientes tensiones geopolíticas respalda su función principal: preservar el capital cuando otros activos fallan.
La diversificación inteligente, combinando oro físico, ETF y acciones mineras, junto con una proporción adecuada de bonos y monedas de alta calidad, puede ofrecer una estructura sólida ante escenarios adversos y oportunidades de mercado.
De cara al futuro, mantener una visión de largo plazo y evaluar periódicamente la asignación de refugios permitirá aprovechar correcciones de mercado como ventanas de compra, reforzando la seguridad patrimonial en un mundo cada vez más incierto.
Referencias