El año 2025 representa un punto de inflexión para el comercio internacional. Con una proyección de crecimiento dinámico del comercio mundial del 2,5% anual entre 2025 y 2029, las empresas y gobiernos deben adaptarse a un entorno marcado por aranceles, tensiones geopolíticas y avances tecnológicos.
El sector de transporte y logística se posiciona como el verdadero motor de esta evolución. Con una producción global estimada en un 4,1% en 2025 y un 3,6% en 2026, según Crédito y Caución, su desempeño influye directamente en la competitividad de las economías.
La demanda de servicios logísticos se expande a ritmos distintos según el modo de transporte. El aéreo crece con fuerza, impulsado por el e-commerce y la urgencia en las entregas. El terrestre y el almacenamiento mantienen un avance estable, mientras que el marítimo vive oscilaciones de precios ante disrupciones geopolíticas.
El resurgimiento de medidas proteccionistas, liderado por Estados Unidos, ha ralentizado el flujo de mercancías. Los costos logísticos se encarecen debido a:
Frente a este panorama, las empresas buscan nuevos hubs logísticos en territorios con tratados preferenciales que minimicen el impacto fiscal y agilicen los trámites.
Conflictos como la guerra en Ucrania y los ataques en el Mar Rojo obligan al sector marítimo a recurrir a rutas alternativas, como el Cabo de Buena Esperanza, sumando hasta diez días al tránsito intercontinental. Estas desviaciones elevan primas de seguro y generan incertidumbre en los plazos de entrega.
En Europa, el riesgo de crédito en grandes economías —Alemania, Francia, Italia, España, Reino Unido y Turquía— podría frenar la expansión logística si no se refuerzan mecanismos de protección y financiación.
Para sortear barreras y reducir la exposición, las compañías aceleran procesos de reconfiguración de las cadenas de suministro. Dos tendencias clave son:
La regionalización incrementa la resiliencia ante crisis y facilita la adopción de normativas aduaneras homogéneas.
La digitalización de procesos logísticos y el análisis de datos predictivos son fundamentales para optimizar rutas y prever fluctuaciones de demanda. Herramientas basadas en Big Data permiten:
Además, la automatización de almacenes y la incorporación de soluciones IoT en contenedores y pallets mejoran la trazabilidad y reducen pérdidas.
Invertir en terminales portuarias, redes ferroviarias y carreteras de calidad es esencial. Los países con puertos modernizados y plataformas logísticas integradas obtienen ventajas competitivas que se traducen en menores tiempos de tránsito y reducción de costos.
También es clave la formación profesional en habilidades digitales y operacionales. Programas de capacitación en gestión de la cadena de suministro, análisis de datos y cumplimiento normativo fortalecen la capacidad de respuesta ante disrupciones.
El sector logístico afronta retos, pero también vislumbra oportunidades:
La integración de energías limpias y combustibles sostenibles en flotas marítimas y terrestres reducirá la huella de carbono y responderá a las demandas medioambientales.
La consolidación de corredores logísticos regionales, apoyados por políticas de cooperación internacional, abrirá nuevas rutas comerciales y diversificará proveedores.
En definitiva, el transporte y la logística seguirán siendo el eje estratégico del comercio mundial, y su adaptación continua marcará el éxito de las empresas en un entorno cada vez más complejo y competitivo.
Referencias